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Noche

el pasar de un coche rompía la monotonía y distraía su mirada

Seguía lloviendo. Llevaba lloviendo con más o menos intensidad toda la noche. Apenas se oía nada más que el ruido de las gotas en el alféizar y el cristal, y algún perro ladrando en algún lugar, lejos.

Pese al cansancio y la hora de la madrugada no había conseguido dormir.

Apoyado con su hombro izquierdo sobre la pared, con la cabeza ligéramente inclinada al lado contrario, miraba al oscuro horizonte.

Algo revoloteaba alrededor de la bombilla, una bombilla de baja potencia que, con los años y el polvo acumulado, apenas daba una luz amarillenta que ni siquiera cubría toda la habitación. Una habitación que conoció tiempos mejores, sus paredes tuvieron algún día una capa de pintura blanca recién dada y sus muebles, pocos, lucieron barniz brillante y pulido, quizás de eso, pocos se acuerden ya.

Lucia un look de insomnio informal. Una vieja camiseta, suave al tacto por lo gastada, unos pantalones largos que un día sirvieron para hacer deporte y unas zapatillas viejas de las que asomaban sus talones, no por rotas, viciadas de no esforzarse por meter bien el pie.

Por la humedad y el frío de la calle, cada vez que respiraba profundamente, marcaba el cristal con el vaho de sus expiraciones, pero desaparecía rápidamente. Y seguía mirando por la venta, impasible, pensativo, concentrado. Mirando hacia ningún lugar. Aparte de las farolas de la calle, apenas se distinguían dos luces a lo lejos.

Con algo de impulso, dejó su apoyo y se puso recto. Sin perder la mirada saco un paquete blando de tabaco y un mechero del bolsillo derecho del pantalón, se puso un cigarro en la boca, bajo la mirada a la punta del cigarro y lo encendió. Se dejo caer de nuevo sobre su hombro izquierdo y se apoyo en la pared. A la vez que miraba por la ventana, fumaba. Era un vicio que no había dejado pese a tener buenas ofertas para ello.

Seguía impasible, como hipnotizado por la oscuridad y aquellas dos luces tenues. Solo muy de vez en cuando, el pasar de un coche rompía la monotonía y distraía su mirada aun que no su pensamiento. Y volvía a levantar la mirada. El humo del cigarrillo chocaba contra el cristal, le hacía fruncir el ceño y rápidamente pasada su mano derecha con el cigarrillo entre los dedos para apartarlo, sin mucho éxito.

Miraba a través del cristal, hacia la oscuridad, quieto, serio, fijo, impasible… durante el día se veía un prado verde, una arboleda en la rivera del río, el viejo molino y un par de casas muy lejanas. El esperaba el amanecer, ver de nuevo el prado, la arboleda, el molino, las casas. Esperaba tranquilo, pensativo, concentrado… esperaba los primeros rayos de luz del día para ver si el prado seguía siendo el prado verde, si la arboleda seguía teniendo árboles, si el molino seguía en el mismo sitio, si las casas seguían lejanas… o pudiese ser, que el prado estuviese seco, marrón, sin hierva… o pudiese ser, que el pardo estuviese lleno de luz, y los árboles llenos de luz. y el molino lleno de luz y las casas lejanas, estuviesen al amanecer muy cerca.

Seguía mirando por la ventana, esperando el amanecer. Impasible, soñando con el amanecer que él esperaba, que deseaba.